Azúcar ¿el veneno del siglo XXI?

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Los modelos nutricionales tradicionales, a diferencia de los que se siguen hoy de manera mayoritaria, tenían menos azúcar añadido en los alimentos. Y al mismo tiempo, incluían más fibra, proteínas y carbohidratos. Con respecto a las grasas, el cambio a peor no es un tema de cantidad, sino de calidad.

Y de todos estos elementos es precisamente el azúcar uno de los más consumidos en el mundo, quizá por el placer inmediato que aporta; ha conquistado nuestro paladar pero, desgraciadamente, no le gusta a nuestro cuerpo.

Sin embargo, no todos los azúcares son iguales; de la amplia variedad que existe, el azúcar blanco refinado es el más perjudicial de todos. Y aparece delante de nosotros por todas partes al estar presente en panes, comidas procesadas, galletas, pasteles…

De esta manera, se puede decir que no es un capricho ocasional, sino que lo tenemos al alcance de la mano para tomarlo a todas horas. Vivimos rodeados de productos elaborados con azúcar y derivados que inundan las estanterías de los supermercados y que forman parte de la decoración de nuestras cocinas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) , “los productores de alimentos y bebidas a menudo añaden azúcar, como la fructosa, sin que los consumidores se den cuenta”. Y este mismo año ha propuesto a los países promover la reducción del consumo de azúcar a menos del 10% del total de calorías de la dieta diaria de niños y adultos.

A diario leemos, en el etiquetado de muchos alimentos, frases del tipo “sin azúcar”, “sin azúcar añadido” o “con contenido reducido en azúcares”; sin embargo, no siempre esos mensajes son ciertos y las calorías no son menos que las que tiene un producto azucarado. Por otro lado, estos edulcorantes no se procesan adecuadamente en nuestro hígado y se convierten en grasa.

Los monosacáridos, como la fructosa y la glucosa, son recomendables en pequeñas cantidades. Sin embargo, la situación es totalmente opuesta; de hecho el aumento de su consumo lleva aparejado el aumento de enfermedades como la diabetes  y la obesidad, dos de los males de nuestro mundo para cuyo freno no existe plan de actuación.

Y quizá lo más llamativo es la hora de la merienda de muchos niños: momento que se convierte en un festival de colores que no son más que azúcares atrayentes a sus ojos y, al mismo tiempo, una manera fácil de resolver esa comida. Gominolas, figuritas de azúcar con sus personajes de cómic favoritos o helados, con altos contenidos en grasas y azúcares, forman parte de la dieta diaria de los más pequeños o de los regalos que se les hacen. Esta es la mejor manera de que problemas como la diabetes “madruguen” y se manifiesten.

Tomemos el azúcar que nos proporcionan las frutas, verduras y tubérculos y movámonos para eliminar lo que nos sobra y nuestro cuerpo rechaza. #BePaleo

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